
CULIACÁN, SINALOA.- México atraviesa un momento económico delicado. No son señales aisladas: hay indicadores que muestran debilidad en inversión, confianza y crecimiento.
La Inversión Fija Bruta cayó 2.2% anual en enero de 2026, según INEGI. Es decir, está bajando la inversión en maquinaria, equipo e instalaciones, justo la que permite producir más y generar empleos.
Ya son 17 meses consecutivos de caídas anuales en este indicador. Eso confirma una tendencia de estancamiento en uno de los motores centrales de la economía.
Fitch mantuvo la calificación soberana de México en “BBB-”, pero advirtió problemas serios: bajo crecimiento de largo plazo, debilidad en gobernanza, presión fiscal y riesgos asociados a Pemex.
La conclusión es preocupante: la conducción económica del país no está generando condiciones de expansión, sino señales de freno y estancamiento.
A esto se suma la decisión de la Suprema Corte de permitir a la UIF congelar cuentas bancarias sin orden judicial ni instrucción internacional, lo que abre una discusión grave sobre derechos y garantías.
Esa decisión vulnera principios básicos como el derecho de propiedad y la presunción de inocencia. En un Estado de derecho, el patrimonio de las personas no puede quedar sujeto a decisiones sin controles suficientes.
También afecta la certeza jurídica. Y sin certeza jurídica no hay confianza; sin confianza, no hay inversión.
Esto refuerza temores que ya existían sobre el impacto de la reforma judicial en la seguridad jurídica del país.
No es casual que, en la encuesta del Banco de México a especialistas del sector privado, 0% considere que este es un buen momento para invertir.
Además, 68% opina que el clima de negocios en los próximos seis meses seguirá igual o podría empeorar.
Reactivar la inversión debe ser prioridad. Sin inversión no hay crecimiento, no hay innovación y no hay empleos de calidad.








