El papa y la ofensiva diplomática del Vaticano en América Latina | Especial Connectas

ESTADOS UNIDOS.-  (Por Fabiola Chambi / CONNECTAS).- El papa León XIV, como ciudadano estadounidense que es, sufragó  en las elecciones de mitad de mandato de su país, un hecho que tiene especial relevancia hoy por lo determinantes que podrían resultar esos comicios para la región. Pero como Robert Francis Prevost, mantuvo esta práctica democrática desde mucho antes: ya lo hizo en Perú, de donde también es ciudadano, cuando fue misionero y luego obispo. 

Primero visitará Uruguay, un país con una de las democracias más estables y también con una de las sociedades más secularizadas de la región, lo que en términos de apostolado significa un gran desafío para la Iglesia católica. Luego pasará a Argentina, donde ya hay algunas tensiones respecto a la forma en que el gobierno del presidente Javier Milei quiere manejar la visita. Finalmente irá a Perú, tal vez el destino más esperado por el sumo pontífice, porque vivió allí casi 40 años y tiene una identificación que no caduca.

Para Néstor Pongutá, periodista especializado en el Vaticano, este viaje tiene un significado especial, pues será el más largo de León XIV hasta el momento, y lo hará a pesar de su reciente cirugía de pulmón. “Sus prioridades dentro del pontificado son la paz, el diálogo y la igualdad social, así como enfrentar los grandes retos que nos da la humanidad. Conoce bien la región y estos países, salvo Uruguay. O sea que no va a llegar a un lugar desconocido. Va a dar su mensaje en español, pero no va a hablar solo para estos países, sino para el mundo”, dice.

Sin embargo, Pongutá aclara que la Santa Sede se cuida mucho de que la presencia y el discurso del papa terminen instrumentalizados. “De hecho, se dice que esta fue la razón por la que el papa Francisco no viajó a Argentina, para evitar que alguno de los sectores políticos de ese país lo utilizaran”, añade. 

Milei tiene un antecedente nefasto, pues durante su campaña en 2023 llamó a Francisco “el representante del maligno en la tierra”. Y su actitud hacia León XIV ha sido de una aparente receptividad. “Lo esperamos con los brazos abiertos, dichosos de ser bendecidos con su presencia”, dijo hace poco. Pero lo hizo justo en un acto de una congregación evangélica —parte de una tendencia religiosa favorecida por Estados Unidos—, a la que Milei  se ha mostrado muy cercano.

De hecho, la presencia del papa en Argentina, más allá de la alta misión pastoral que la anima, podría ser incómoda por la política de Milei y especialmente por su modelo económico de la ‘motosierra’, que ha afectado fuertemente a los más vulnerables. Desde el comienzo de su gestión los obispos católicos han criticado su discurso agresivo, pero eso no ha tenido incidencia alguna, pues el mandatario minimiza la situación e incluso se burla de quienes llegan a fin de mes con lo justo. “Si se quedan sin plata el día 20, ¿cómo viven 10 días sin comer y sin beber?”, bromea.

A eso se agrega que el papa es un defensor acérrimo de la justicia social y de los derechos de los excluidos como principio central de su doctrina. En esta reconfiguración política regional  esa actitud va en contravía de algunas propuestas de los gobiernos de derecha y ultraderecha.   Para Juan Miguel Espinoza, historiador y profesor de teología de la Pontificia Universidad Católica del Perú, desde el papa Francisco y también ahora con León XIV este ha sido un tema clave en el discurso de la Iglesia. “No es casualidad que él vaya a visitar algunos centros de personas vulnerables, una cárcel en Argentina, tendrá también encuentros con sindicatos, obreros, movimientos sociales, y en el Perú se va a reunir con los pueblos indígenas amazónicos. Entonces, esa impronta de encuentro con los excluidos va a estar muy presente en el viaje y como una expresión de los desafíos de la Iglesia Católica en América Latina”.

En un tiempo en el que se profundiza la polarización y se refuerzan los liderazgos personalistas, América Latina repite patrones preocupantes respecto a la fatiga democrática. En ese escenario, la voz de la Iglesia católica vuelve a cobrar relevancia, no solo por su peso histórico y social, sino por su capacidad de incidir en el debate público. 

El papa y Trump

El fenómeno no es homogéneo, pues la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil fue un punto de inflexión. En medio de la avanzada de la derecha, auspiciada por Donald Trump, Washington ha sostenido un discurso de confrontación ideológica, política antimigratoria, cuestionamientos al multilateralismo en el nuevo orden internacional y uso de la fuerza como instrumento de política exterior.

Pero León XIV no ha sido ajeno a ese giro global. Incluso en abril pasado, cuando el republicano lo señaló por “complacer a la izquierda radical”,  dijo que no le tiene miedo a la Administración Trump: “Seguiré hablando en voz alta contra la guerra”. 

 

Sin embargo, para Miguel Pastorino, doctor en filosofía y profesor de la Universidad Católica del Uruguay, esto no debe reducirse a una polémica específica con Trump. En general, dice, “históricamente los papas siempre han arremetido contra todo aquel poder, venga del Estado, del socialismo, del comunismo, del capitalismo, que atropelle la dignidad y que convierta al ser humano en un objeto de descarte o en un instrumento a favor de determinados intereses estatales o privados”.

Por eso, el papa fue contundente en reaccionar contra los mensajes políticos que han tomado este rumbo. En algunos casos los señalados han tratado de deslegitimar  y cuestionar la presencia de la Iglesia en la política. Pero esto también demuestra que implícitamente reconocen la autoridad moral del sumo pontífice. “Creo que hoy la voz del papa está siendo escuchada justamente porque hay muy pocas que estén hablando en estos términos de recuperar una ética universal que ponga en primer lugar a la persona humana y no los intereses políticos o económicos”, añade Pastorino.

¿Hacia dónde va el catolicismo en Latam?

En América Latina la Iglesia Católica sigue teniendo gran relevancia, aunque según el World Religion Database (WRD) la proporción de sus fieles bajó de 84% a 75% entre 2000 y 2025. Uruguay se sitúa como el país con menos personas que se declaran católicas, apenas un 53% de sus habitantes. Al otro extremo está Paraguay, el único donde la proporción de católicos se mantuvo casi igual en los últimos 25 años, hasta un 93% el 2025. Y la mayor pérdida de fieles se presentó en Nicaragua, donde la proporción se redujo del 89% en 2000 al 71% en 2025.

✝️ ¿Qué tan católica sigue siendo América Latina?

En 25 años, la proporción de católicos cayó del 84 % al 75 %. Pero las diferencias entre países van más allá de la afiliación: también cambian las prácticas religiosas y la confianza en la Iglesia.

Pero estas cifras no necesariamente reflejan todo el panorama. Los datos del Latinobarómetro 2026 muestran no solo que el porcentaje de los católicos disminuyó, sino también en general la confianza en las iglesias.  Al respecto, Pastorino indica: “Es irreversible la caída del catolicismo en América Latina por razones que a veces se adjudican a la Iglesia, pero creo que tiene que ver más con razones culturales, globales, de cambios en la sensibilidad y búsquedas religiosas, el individualismo también lleva a que se viva la fe de un modo muy particular y alejado de la institucionalidad”.

En esta misma línea Espinoza reflexiona sobre el crecimiento de otras iglesias y “esa forma incorrecta de entenderlo como competencia”. “El problema no es la diversidad religiosa porque eso es saludable en cualquier democracia. Y es también saludable para que la Iglesia Católica pueda mantenerse dinámica para renovarse y apelar a la sociedad y a los creyentes de a pie. Pero también exige el esfuerzo de dialogar con estas otras formas de creencias que van subsistiendo en nuestras sociedades (…).  Por eso León XIV tiene un interés muy marcado en cómo se transmite la fe en sociedades cada vez más diversas, más plurales y donde las nuevas generaciones se relacionan con la iglesia con cierta indiferencia, incluso desconfianza”.

Pero no hay que olvidar que esa pérdida de fieles también tiene una dimensión política desde mediados del siglo XX. Entonces el surgimiento de la Teología de la Liberación puso a la Iglesia católica en la mira de Washington, que contestó con un fuerte apoyo al desarrollo de las evangélicas, más afines a sus intereses.  Hoy, un papa estadounidense que ha mostrado su independencia, visita a Sudamérica con una misión eminentemente pastoral, pero con un trasfondo de honda repercusión. Pues nadie puede negar el peso de sus palabras en un contexto tan complejo como el que hoy vivimos.

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