Detectan por primera vez una posible señal de radio procedente de un exoplaneta

MÉXICO (Por Julio García G. / Periodista de Ciencia).- Cuando James Clerk Maxwell formuló en 1860 que los fenómenos eléctricos y magnéticos no son independientes, probablemente nunca se imaginó que sus ecuaciones cambiarían para siempre la forma en la que observamos el Universo. 

Y no solo eso: este físico británico predijo que una perturbación de esos campos podía propagarse por el espacio en forma de onda electromagnética y, curiosamente, estas ondas viajan a la misma velocidad que la luz, a unos 300,000 kilómetros por segundo.

Las ondas electromagnéticas –a pesar de lo que muchas veces se piensa- no son sonido, es decir, que cuando sintonizamos una estación de radio, por ejemplo, en frecuencia modulada (FM), en realidad no estamos escuchando la onda en sí, sino más bien lo que esta porta: la información que representa esa señal sonora ya sea la voz de un locutor o de nuestra música favorita. Por lo tanto, se cae muchas veces en el error de pensar que las ondas electromagnéticas son sonidos. 

En este sentido, las ecuaciones de Maxwel han repercutido también de manera directa en cómo los astrónomos son capaces de detectar estrellas lejanas y, también, quizá por primera vez, la señal emitida por un planeta que se encuentra a 63 años luz de la Tierra.

Resulta que a mediados de septiembre apareció publicado un artículo en forma de preprint (aún no ha tenido la revisión por pares) en el que un grupo de científicos, encabezados por Kevin Ortiz Ceballos, quien actualmente realiza su doctorado en Astronomía y Astrofísica en la Universidad de Harvard,  afirma haber hallado la primera señal de radio emitida por un exoplaneta denominado β Pictoris b, un enorme mundo gaseoso que posee entre 10 y 12 veces la masa de Júpiter y orbita la joven estrella Beta Pictoris.

Imagen artística de β Pictoris b. Imagen generada por IA. 

Utilizando el radiotelescopio MeerKAT, en Sudáfrica, Ortiz y su equipo observaron el sistema en cuatro ocasiones entre 2025 y 2026. Allí, encontraron dos tipos de emisiones: una señal relativamente persistente y ráfagas de radio rápidas, recurrentes y fuertemente polarizadas. 

Cuando una señal de radio está fuertemente polarizada, se refiere a cómo se orienta y evoluciona el campo magnético de la onda electromagnética mientras se propaga. 

La parte verdaderamente novedosa del hallazgo es que pudieron determinar con gran precisión de dónde procedían estas ondas. Utilizando quásares lejanos como puntos de refrencia, localizaron la fuente  de ondas electromagnéticas en la posición de β Pictoris b, en lugar de encontrarla directamente en su estrella, como suele ocurrir. 

Ahora bien, el problema de distinguir entre la emisión del planeta y la actividad de la estrella había impedido confirmar detecciones anteriores; por lo tanto, este hallazgo podría ser un parteaguas no solamente en la detección de planetas más allá del Sistema Solar, sino también en el hecho de poder definir de qué están compuestos químicamente y cómo se comportan.

Y es que los científicos descubrieron que la señal detectada de β Pictoris b es emitida no por una señal artificial (no es producida por seres extraterrestres ni mucho menos por una civilización tecnológicamente avanzada) sino por un fenómeno que también sucede en Júpiter -el planeta gaseoso y más grande del Sistema Solar- y que es el de las radioaruras. 

Radiotelescopios MeerKat. Imagen: South African Radio Astronomy Observatory (SARAO). 

En Júpiter –como también podría estar sucediendo en β Pictoris b– las partículas cargadas interactúan con el intenso campo magnético del planeta y pueden producir radiación mediante un mecanismo denominado inestabilidad del máser de ciclotrón de electrones (ECMI). 

El ECMI suele producirse cuando existen intensos campos elecromagnéticos, como los producidos por las auroras boreales. 

Estas auroras, en la Tierra, son fenómenos luminosos que aparecen en las regiones cercanas al polo norte cuando partículas cargadas procedentes principalmente del viento solar interactúan con el campo magnético y la atmósfera terrestre. 

El proceso puede ser simplicado así: el Sol (y en este caso la estrella donde se encuentra β Pictoris b) emite continuamente partículas cargadas, principalmente electrones y protones. Cuando estas partículas llegan a la Tierra, la magnetósfera desvía y canaliza muchas de esas partículas, y parte de ellas acaba precipitándose hacia las regiones polares. Allí chocan con átomos y moléculas de la alta atmósfera, principalemnte oxígeno y nitrógeno. 

Lo interesante de todo esto es que en la Tierra solemos pensar en las auroras como luz visible que inunda nuestros ojos con escenas bellísimas debido a que las partículas del Sol interactúan con la atmósfera, pero en realidad las interacciones entre partículas cargadas y la magnetósfera también pueden producir emisiones electromagnéticas en otras frecuencias, en otras regiones del espectro electromagnético, incluidas ondas de radio. 

Imagen artística de la Tierra siendo impactada por las partículas solares. Imagen generada por IA. 

Por otro lado, ¿cómo podrían cambiar o mejorarse las observaciones de exoplanetas a la luz de esta nueva observación?

Hasta ahora conocemos que existen miles de mundos fuera del Sistema Solar (se han encontrado hasta la fecha más de 6,000). Sabemos de su existencia a través del efecto que tienen sobre la estrella que los hospeda y a partir de sus efectos sobre su estrella, el cual es observado a a través del método de tránsito y velocidad radial, o en un número mucho menor de casos, a través de observación directa. 

Pero la radioastronomía podría proporcionar ahora otra forma de estudiar directamente las propiedes físicas de estos mundos.

Por ejemplo, los campos magnéticos permiten investigar el interior de los planetas, su interacción con el viento estelar y la evolución de sus atmósferas a lo largo del tiempo. Esto también resulta relevante para el estudio de la habitabilidad, es decir, de la posibilidad de que un planeta tenga vida o no. 

Desafortunadamente β Pictoris b no es un planeta parecido a la Tierra, sino uno bastante más joven.

Aunque podría suponerse que hemos recibido un mensaje de un exoplaneta, lo que hemos conseguido es algo científicamente más concreto: escuchar por radio la actividad magnética de un mundo situado a 63 años luz y, a partir de ella, medir directamente su campo mangético. 

El físico británico James Clerk Maxwell (1831-1879). Imagen: Wikimedia Commons. 

Esto traerá, evidentamente, consecuencias importantes para la búsqueda de planetas parecidos al nuestro, ya que, aunque estos hipotéticos mundos similares a la Tierra puedan producir auroras borales, será difícil determinar, todavía, en qué medida pueden ser tan podersos como para poder ser detectados. 

Hasta el momento desconocemos como podría comunicarse una civilización tecnológicamente avanzada con nosotros. Pero asumimos que lo hará a través de ondas de radio. De ahí que a lo largo de estos últimos cuarenta años se hayan desplegado ya un sinnúmero de radiotelescopios para encontrar estas señales. 

A lo largo de esta búsqueda de civilizaciones tecnológicamente avanzafas se ha logrado también mejorar las observaciones de exoplanetas; por lo que es posibile que en unos años sepamos más sobre estos mundos tan lejanos donde podría existir algún tipo de forma de vida aunque sea microbiana. También, los avances técnicos mediante radiotelescopios están permitiendo caracterizar las atmósferas de estos mundos.

James Clerk Maxwell predijo matemáticamente en el siglo XIX la existencia de las ondas electromagnéticas. Posteriormente, Heinrich Hertz lograría llegar a ellas de manera experimental. 

A través de estas ondas hoy podríamos permitirnos estudiar directamente el campo magnético de un planeta y responder a preguntas clave relacionadas con si existen mundos parecidos a la Tierra en nuestra galaxia y si la vida puede desarrollarse como lo hizo en la Tierra hace miles de millones de años. 

Para algunos, la radioastronomía como instrumento para buscar señales procedentes de otros mundos está agotada por su limitantes, pero este nuevo trabajo de investigación, de confirmarse, podría poner a esta disciplina, nuevamente, en el centro del debate dandóle así un aire fresco que podría ser fundamental para descubrir cosas novedosas.