‘Por el fenómeno de El Niño, va a haber pingüinos de Galápagos que no van a sobrevivir’ | Mongabay Latam

EUROPA (Por Ana Cristina Alvarado Mongabay Latam).- En julio pasado, el agua que rodea el archipiélago de Galápagos, Ecuador, alcanzó en algunos puntos los 26 °C. Dado que en esa época del año el mar suele tener varios grados menos, los pingüinos de Galápagos (Spheniscus mendiculus) podrían estar sufriendo impactos. La calidez inusual está asociada al fenómeno de El Niño, según observó un grupo de investigadores en una reciente expedición científica.

Es una amenaza para los pingüinos. Las poblaciones bajan porque no hay alimento”, dice Aura Banda, una de las colaboradoras del equipo liderado por Dee Boersma, directora del Centro para Centinelas de los Ecosistemas de la Universidad de Washington, en Estados Unidos.

De izquierda a derecha, sentados, Marcelo Gavilánez, Stalin Jiménez, Dee Boersma y Aura Banda conforman el equipo de investigadores. De pie, Armando Rosero, el motorista. Foto: cortesía Fundación Jocotoco

Sin las pequeñas sardinas o anchovetas de las que se alimenta cerca de la costa, esta pequeña ave no tiene la energía necesaria para cumplir con sus ciclos vitales, como la muda de plumas y la reproducción, algo que se observó en el monitoreo. Esto es especialmente preocupante porque la especie está catalogada En Peligro, con una población estimada en alrededor de 2000 individuos a 3000 individuos.

El pingüino de Galápagos es considerado un centinela de su ecosistema, es decir, un indicador de cuando las cosas van mal. Banda explica que las condiciones que observaron pueden ser un signo temprano de los impactos que traerá El Niño a las Islas Encantadas en los próximos meses.

Banda es guía naturalista y colaboradora del Centro para Centinelas de los Ecosistemas. Ha viajado en embarcaciones turísticas durante 20 años alrededor del archipiélago y cada 15 días visitaba los sitios de anidación de los pingüinos. En 2015 empezó a trabajar en su tesis de ingeniería en gestión del ambiente, pero no quería dejar de embarcarse, relata.

Un pingüino de Galápagos junto a una iguana marina. Foto: cortesía Aura Banda

Tras asistir a dos charlas de Boersma, quien ha estudiado por más de 50 años a los pingüinos de Galápagos, sintió una conexión con la especie y supo que quería aprovechar la oportunidad que le brindaba su trabajo para monitorearla a través de observaciones y fotografías.

La experta conversó con Mongabay Latam sobre el trabajo que comenzó en 2015, que le llevó a realizar estudios anuales desde 2024 junto a especialistas, y sobre los impactos que sufre esta carismática especie durante el fenómeno de El Niño.

Una alianza para estudiar a los pingüinos

El equipo investigador y los guías naturalistas que contribuyeron en el proyecto. Foto: cortesía Fundación Jocotoco

—¿Cómo fueron esas primeras observaciones?

—He trabajado 20 años en expediciones como naturalista, como instructora de fotografía. Cuando empecé a hacer los registros, en 2015, me di cuenta de que en mis fotos anteriores no estaban así. Ese fue un año de El Niño, no tan fuerte, sin embargo, ya veíamos efectos en los pingüinos.

En ese entonces estaban flacos, con plumas de color café claro y casi desprendidas. Todos tenían algas que los cubrían. Nosotros los llamamos pingüinos verdes, es una de las señales de que tienen problemas.

Durante El Niño enfrentan períodos más largos buscando alimento porque los peces bajan más en busca de agua fría. Tienen lo justo para sobrevivir y tienen muy poca energía para entrar en una muda, que ya de por sí requiere bastante energía. Entonces alargan la muda y ya las plumas están súper gastadas.

Aunque las plumas del pingüino de Galápagos tienen un aceite que los mantienen secos, la presencia de algas puede indicar que han pasado más tiempo de lo habitual buscando alimento. Foto: cortesía Aura Banda

Y el asunto de las algas se debe a que como pasan periodos más largos en el mar, se queda un poquito de agua entre las plumas y las algas empiezan a crecer en ellos.

El siguiente año [sin El Niño] fue otra la historia. Hicimos las comparaciones y la doctora Boersma me explicaba que por eso son especies indicadoras. Tal vez [ese 2015] no calentó tanto el agua, pero fue suficiente para que tengan problemas para encontrar comida.

—¿Cómo fue la logística del monitoreo de 2026?

—Tuvimos el apoyo logístico de una empresa de expediciones, que fue donde trabajé de gerente y a donde llegué porque me encantó el itinerario que tenían para ver pingüinos.

Las mediciones se realizan lo más rápidamente posible para minimizar el tiempo de manipulación y reducir el estrés de los pingüinos. Foto: cortesía Aura Banda

Nos embarcamos de sábado a jueves, pero en esos días logramos capturar más individuos que en 2024 y 2025. Por eso creo que estos viajes son colaboraciones importantes. Sin embargo, no reemplazan el viaje de monitoreo de ciencia en donde sí hay oportunidad para estar más tiempo.

En 2024, gracias al Parque Nacional Galápagos que nos dio el permiso y a una alianza con la Fundación Jocotoco, pudimos hacer el primer viaje de investigación en este formato que continuó con los estudios de la doctora Boersma, que ya suman 56 años.

Entre los pros está que llegamos con un barco que nos da toda la logística, pero tenemos que seguir el itinerario de los visitantes. Había limitación de tiempo, teníamos dos horas para hacer todo, cuando antes las ventanas eran de tres días. Pero los datos nos sirvieron lo suficiente como para continuar y por eso luego lo hicimos en 2025 y ahora en julio de 2026.

Cuando es adulto alcanza los 50 centímetros de altura y los 2.2 kilos. Foto: cortesía Fundación Jocotoco

—¿Quién conforma el equipo investigador?

—De Jocotoco fue Marcelo Gavilánez, un as para atrapar pingüinos. También estuvo la doctora Dee Boersma, quien para mí es una Jane Goodall. Es una de estas mujeres que crearon el camino para otras mujeres investigadoras. Es un sueño hecho realidad viajar con una mujer así. Además, el Parque Nacional nos facilitó un guardaparque, Stalin Jiménez, una persona con mucha experiencia.

El trabajo en equipo de personas que el resto del año están completamente en otros sitios fue muy lindo. Son muchas instituciones trabajando juntas por una especie.

La doctora Caroline Cappello, de Cornell University, también es parte del proyecto, pero este año no pudo venir porque tuvo un bebé. Entonces nos mandó una foto del bebé con un pingüino de peluche y nos dijo que le demos un tiempo porque va a ser el tipo de mamá que atrapa pingüinos.

Dee Boersma ha estudiado durante 56 años la especie. Foto: cortesía Fundación Jocotoco

Un pingüino que habita en la línea ecuatorial

Se cree que los pingüinos de Galápagos llegaron a las islas arrastrados por las corrientes, como lo hicieron muchas otras especies. Pertenecen al género Spheniscus, del que también forman parte el pingüino de Humboldt y el de Magallanes. “Muy posiblemente vienen de un ancestro común”, dice Banda.

Aunque las Galápagos están atravesadas por la línea ecuatorial, su clima no es tropical, algo que lo hace único, asegura la especialista. Esto responde a la corriente fría de Humboldt, que es estacionaria, y la de Cromwell, que trae afloramientos de agua fría.

“El ancestro pudo sobrevivir por eso. Después empezó a adaptarse y se volvió una especie completamente distinta”, explica la especialista.

En el archipiélago desarrolló una serie de características. Es uno de los pingüinos más pequeños del mundo porque eso le permite perder el calor de manera rápida. No tiene plumas sobre los pies, como si las tienen otras especies que viven más al sur. Además, pierde parte de las plumas alrededor de los ojos para mantenerse fresco durante la época de anidación.

Primeros impactos de El Niño

—¿Cómo atrapan a los pingüinos?

Un pingüino de Galápagos durante el proceso de muda de plumas. Foto: cortesía Aura Banda

—Hay una metodología para intentar evitarles todo el estrés posible. Primero nos acercamos con la embarcación lo más que podemos. Una vez que nos ven en tierra, caminan y se meten en sus huecos de hasta 5 metros de profundidad. Entonces cuando llegamos, corremos, los sostenemos del cuello para inmovilizar su cabeza, si no, picotean y cortan. Después los ponemos en unas cajitas y los cubrimos con una toalla hasta hacer la medición.

—¿Cuáles fueron los resultados del monitoreo?

—En el censo visual, marcamos un punto A y recorremos hasta el punto B. En ese trayecto contamos cuántos pingüinos vemos en el agua y en tierra. Lo hicimos en las islas Bartolomé, Isabela, Fernandina y Floreana. Contamos 41.

Para el monitoreo que involucra captura, salimos bien temprano de la embarcación. Ahí es importante el conocimiento acumulado de los sitios de anidación de la doctora Boersma y de los naturalistas, quienes los ven cada 15 días. Capturamos 48 y un par corrieron y se metieron al agua. Los pesamos, medimos y fotografiamos, después los soltamos.

Cuando buscan comida, los pingüinos de Galápagos lo hacen generalmente cerca de la costa y bucean hasta 20 metros de profundidad, aunque ocasionalmente llegan a los 50 metros. Foto: cortesía Aura Banda

—¿Qué encontraron en los sitios de vida de los pingüinos y qué no?

—Usualmente vemos nidos activos y también a veces encontramos polluelos. En este monitoreo solo encontramos juveniles mayores, ya con un plumaje oscuro, no encontramos juveniles nuevos. O sea, no hubo reproducción en febrero, algo que sí sucede en condiciones normales. Sin embargo, hace dos días me llegó la foto de unos pingüinos que acaban de dejar el estadio de pichones. Entonces sí hay unos pocos que se reprodujeron en febrero.

Durante la semana en la embarcación, encontramos un pingüino muerto, era un juvenil. Tenía peso bajo, lo más probable es que haya muerto de hambre. Después tuvimos el reporte de otros tres casos. No es muy usual ver pingüinos muertos porque se pierden en el mar. Creo que sin duda el fenómeno de El Niño los va a afectar, va a haber individuos que no van a sobrevivir.

También enfrentan otras amenazas

La presencia de guano es un indicador de que el área es usada por los pingüinos. Foto: cortesía Fundación Jocotoco

Una de las más preocupantes es la introducción de especies. Banda explica que en Galápagos, los animales en general son bastante dóciles por la ausencia de depredadores. Por eso, invasores como gatos o ratas no encuentran ni resistencia ni medidas de protección para evitar que se alimenten de huevos y pichones. Durante el monitoreo de 2025, el equipo registró un gato en un área de anidación.

Otro problema tiene que ver con la disponibilidad de nidos, que colapsan porque están hechos de toba volcánica, una especie de ceniza compacta, o porque la elevación del nivel del mar los cubre. Con cada vez menos sitios de anidación, los pingüinos tienen menos oportunidad de reproducirse en los años fríos.

Como solución, Boersma junto al conservacionista Godfrey Merlen, quien falleció en 2023, y la ecóloga Caroline Cappello construyeron varios nidos artificiales en 2010. Usaron pedazos de lava petrificada para crear túneles que puedan ser usados por las aves. Esto es parte de un estudio que está en curso, pero ya han registrado uso de ciertos sitios.

Los afloramientos de agua fría salvan a los pingüinos

Estos pequeños pingüinos habitan en zonas rocosas de las costas de Galápagos. Foto: cortesía Fundación Jocotoco

¿Qué temperaturas registraron en la expedición y cuál es la temperatura normal en esta época del año sin el fenómeno de El Niño?

—La media fue 25 °C, pero tuvimos un par de sitios con 26. Usualmente, en julio la temperatura está entre los 19 y 20 grados en las islas centrales y puede bajar a 18 y a veces a 16 grados en el oeste.

Cuando la doctora Boersma empezó a estudiarlos, creyó que se extinguirían pronto. Pero los afloramientos de agua fría son una de las razones por las que la especie sobrevive.

Eso fue algo que vimos ahora. En la mayoría de los sitios el agua estaba caliente, sin embargo, algunos de los pingüinos que colectamos para pesar y medir acababan de mudar. La conclusión es que lo logran por las pulsaciones de agua fría, sobre todo en el área de Elizabeth Bay, de la costa oeste de Isabela. Mientras existan esos afloramientos, que responden al sistema de corrientes de todo el planeta, creo que hay esperanza.

Un ejemplar de Spheniscus mendiculus recién mudado. Foto: cortesía Aura Banda

Hay otras señales del impacto del fenómeno. En esta ocasión, no vimos más que un “feeding frenzy”, que duró solo dos minutos y había muy pocas aves. El “feeding frenzy” es cuando hay varias especies pescando al mismo tiempo. Puede haber decenas de piqueros de patas azules, fragatas y pingüinos alimentándose en un mismo lugar. Cuando esto no sucede, puede ser una señal de que no hay mucha productividad en el océano, no hay comida.

—Se estima que El Niño se extenderá hasta el primer trimestre de 2027, ¿harán monitoreos dentro de este periodo?

—Esperamos hacerlo porque creo que más efectos de El Niño pueden empezar a verse más tarde. Tenemos que ver la disponibilidad del barco. Lo ideal sería hacer un monitoreo en noviembre y otro en febrero.

Los pingüinos de Galápagos tienen varias formas de mantenerse frescos, entre esas, jadean como los perros. Foto: Cortesía Aura Banda

—¿Qué viene para los pingüinos de Galápagos?

—Yo creo que les esperan retos. Si los ciclos empiezan a hacerse más frecuentes, si el agua se calienta más, si El Niño es súper fuerte, son retos muy duros. Con el calentamiento global, el fenómeno se pone cada vez más fuerte. Al parque, los científicos y las organizaciones les espera una oportunidad de ver cómo ayudarles con los nidos, con los estudios.

Mi esperanza es que los más fuertes logren sobrevivir y lleguen a la siguiente época fría. Cuando esa época llegue, espero que nosotros podamos darles las condiciones que necesitan.