
CHIAPAS.- El pasado viernes 24 de abril perdieron a dos campesinos en manos del crimen organizado, y uno más fue secuestrado; esto les demostró a los indígenas de Nicolás Ruiz- un pueblo ubicado a 89 kilómetros de la capital de Chiapas-, que no deben bajar la guardia, porque los cárteles de la droga siguen vigentes y queriendo apoderarse de sus tierras y su gente.
Nicolás Ruiz, con solo 6 mil habitantes, es uno de los municipios y comunidades que, ante el impulso que han tenido los cárteles de la droga en Chiapas, decidió autoprotegerse y vigilar sus caminos y accesos. Es un municipio estratégico para el tráfico de migrantes que son transportados desde la frontera al centro del estado, también lo es para el paso de la drogas, armas y, porque, señalan algunos pobladores, montañas arriba del lugar se producen drogas sintéticas.
Desde 2018, según explican sus habitantes, “empezaron a llegar estos grupos, a meterse en los terrenos”. La población ya tenía una historia antigua de lucha para el reconocimiento de sus tierras de propiedad comuna, de forma que los expulsaron; pero fue hasta 2024, cuando ya los cárteles de Sinaloa y Jalisco habían entrado al estado y se enfrascaban en una lucha entre ellos por tener el control de los territorios con un alto costo en vidas, que formaron la “Alianza por la Seguridad y el bien de nuestros Territorios”, en la que participan comunidades vecinas de los municipios de Teopisca y Venustiano Carranza.
En una reunión sostenida este domingo 26 de abril en las oficinas de los Bienes Comunales del municipio, los tsotsiles comuneros explicaron que mantuvieron las guardias para vigilar sus caminos y accesos, pero empezaron a bajar la guardia cuando al inicio de la actual admiración del gobernador Eduardo Ramírez, él les prometió seguridad y el fin de la presencia de los cárteles de la droga.

“¿Para qué vas a seguir teniendo a tu gente bajo el sol, desgastándola? Yo le garantizo la seguridad”, recuerdan que les dijo el gobernador durante una visita a su municipio.
Lo creyeron. “Dejamos de tener ese resguardo en nuestro municipio, tener a las guardias nuestras, por eso es que nos agarraron desprevenidos y ahí por eso no se vale que nosotros estamos confiando que hay una seguridad, pero sin embargo estamos viendo que no lo hay”, dijo el presidente municipal, Audelio Jiménez Gómez.
El ataque
Los tsotsiles explicaron que el pasado viernes 24 de abril la policía municipal mantenía su patrullaje normal cuando entró al pueblo una camioneta doble cabina con vidrios polarizados y blindaje contra balas.
Detalla que dos personas venían en el vehículo, proveniente de la zona montañosa de la región. Les pararon el alto para que se identificarán, pero estas personas respondieron con disparos y asesinaron a uno de los comuneros de nombre José Alfredo Jiménez Paredes. La patrulla les disparó en las llantas, pero estas personas siguieron avanzando unos 20 kilómetros por la carretera, hasta que su vehículo quedó parado a un costado de la carretera, calcinado.
Antes de que eso ocurriera los presuntos integrantes del cártel alcanzaron a pedir refuerzos, por lo que otro vehículo con hombres armados entró al pueblo, disparando y asesinando a otro campesino, Luis Ángel Gómez Ramírez; e hiriendo a Romeo López Pérez y Raquel López Díaz.

Nuevamente los comuneros los persiguieron, logrando que dejaran su vehículo en la entrada norte del municipio. “Pero alcanzaron a pedir refuerzos e iban llegado como 7 camionetas más, todas con hombres armados. Nosotros también habíamos pedido ayuda (al gobierno) y en ese momento llegaron pakales (una fuerza de seguridad a cargo de la Secretaría de Seguridad de Chiapas)”.
“Pero qué pasó en ese momento, que se topan de frente con ellos, y los pakales les dejan huir. Ciertamente ahí acabó la agresión contra el pueblo, pero los pakales los dejaron huir (a las camionetas con hombres armados). Luego nos dijeron que fue una confusión, que ellos no los pueden detener si no hay una agresión directa contra ellos”.
En su camino de huida, los hombres armados también asesinaron a Maricruz Moreno Gordillo, una mujer que se encontraba en el camino esperando transporte.
“Alerta máxima”
El domingo 26 de abril en Nicolás Ruiz ya habían reinstalado sus guardias de seguridad en las entradas del municipio. La madrugada de ese día la totalidad de hombres de la localidad habían pasado la noche en el parque central del municipio. Un día antes, por segunda ocasión, habían disparado desde las montañas cercanas, contra los pobladores. Ese día estaban en lo que ellos llaman “alerta máxima”.
Kilómetros antes de llegar al poblado, ese domingo había tres grupos de policías estatales en al menos 30 vehículos. Pero ninguno vigilaba realmente. Cualquier persona y vehículo podía pasar sin ser revisado, detenido o cuestionado por los uniformados. Los policías solo se encontraban ahí, algunos desayunado, otros lavando sus uniformes, viendo sus celulares o dormitando a bordo de los vehículos.
Solo algunos obstáculos de piedras y un camión atravesado por los comuneros en el camino de acceso, dificultaba un poco la llegada al municipio.
En el salón de las oficinas de bienes comunales, la población fue clara en su planteamiento: existe temor de que estos grupos regresen, deben reanudar las guardias, y sobre todo, exigir al gobierno del estado que cumpla sus promesas y garantices la seguridad.
“Aquí en nuestro estado de Chiapas vivimos ya con temor, temor de salir fuera de lugar. Nuestro estado de Chiapas era un lugar de tranquilidad, un lugar bonito para nosotros que podíamos caminar donde quiera que nos quisiéramos ir; ahorita siempre hay ese temor que por ahí nos pueden atacar y eso es lo que debemos de ver con gobierno: que no permita pues ya eso, que si va a haber limpieza como él dijo (Eduardo Ramírez) que iba a limpiar todo lo malo aquí en el estado, que se cumpla pues, ¡que sea cierto!”, dijo uno de los comuneros.
“Que no sea falso, vemos que no se ha cumplido porque siguen todas las delincuencias, nunca se ha cumplido lo que es sacar las cosas malas aquí dentro de nuestro estado”, insistieron.
“A como dé lugar nos tenemos que defender”
El día del ataque contra la comunidad, el viernes 24 de abril, al huir de Nicolás Ruiz, las personas armadas que habían llegado como refuerzos de los primeros agresores, se encontraron con retenes colocados por campesinos del municipio vecino, Venustiano Carranza.
Los campesinos tenían esos retenes en el marco de una demanda agraria, pero al intentar romper los cercos en su huida dispararon nuevamente, ahora contra los comuneros de Carranza. Ahí murió el campesino de nombre Luis Alonso López Sánchez.
Estos también respondieron a la agresión. Horas más tarde, en redes sociales se publicaron videos donde se ve al menos una camioneta quemada y algunos cuerpos en el piso.
Fue hasta el día siguiente que la Fiscalía de Chiapas informó que había dos personas fallecidas, una desaparecida y siete heridas, como resultado de “un enfrentamiento entre pobladores y un grupo civil armado”. No consideró a las personas asesinadas en Nicolás Ruiz, ni detalló si hubo algún presunto delincuente fallecido.
El sábado 25 los comuneros de Venustiano Carranza abrieron sus caminos. El domingo por la tarde lo mismo hicieron los de Nicolás Ruiz, no sin antes exigir al Estado que se desarticulen los cárteles que los acosan, y se localice y entregue con vida a Ángel Jiménez López, quien fue llevado por los delincuentes.
“Nosotros no lo vamos a permitir también que nos vengan a querer mandar, nosotros a como de lugar nos tenemos que defender de lo que sea (…) le invito aquí al estado de Chiapas, a todas las regiones de nuestro estado, que trate también de ver que no permitan esa delincuencia, como nosotros lo hacemos”, dijo el presidente de Bienes Comunales de Nicolás Ruiz.








